SANLUCAR DE BARRAMEDA
Una ruta con bellos espacios naturales, playas, monumentos y exquisito vino
Sanlúcar se halla en la costa de Cádiz, en la desembocadura del Guadalquivir.
Decir «vamos a Sanlúcar» es sinónimo de un viaje de placer al que conviene apuntarse. Desde el principio, la ciudad de la desembocadura del Guadalquivir ofrece una envidiable sucesión de hallazgos: un firmamento deslumbrante sobre el horizonte del río, el cercano Parque Nacional de Doñana y una imponente silueta señorial de castillos, iglesias y palacios que se funde con el vivo ambiente popular de sus mercados, bodegas, playas y puerto. Un enclave mágico de matices inagotables.
Sanlúcar de Barrameda es la cabecera de la costa noroeste de Cádiz, la comarca que se interna en el océano, entre el estuario del Guadalquivir y la bahía de Cádiz, formando un triángulo con Chipiona y Rota. Estas tres poblaciones comparten paisajes y carácter bajo un clima inmejorable en todas las estaciones. Los viñedos y huertas que crecen a sus espaldas les dan una personalidad vinatera y agrícola y su posición en el litoral, la impronta marinera. A su vez, la coincidencia de una rica historia y su papel como focos de veraneo han modelado su particular fisonomía.
En la síntesis de luz, paisaje, arte y alegría de vivir que es Sanlúcar, el barrio Alto, la atalaya original de la ciudad, domina el resto del casco urbano, desde el barrio Bajo al puerto y Bajo de Guía. Se afirma que la historia de Sanlúcar empezó alrededor de un santuario -Sanlúcar, «santo lugar»- que guiaba con sus luces a los navegantes en busca del mítico reino de Tartessos.
El auge de tan estratégico mirador llegaría al final de la Edad Media, al convertirse en la llave del puerto fluvial de Sevilla, donde se concentraba el tráfico con las Indias. Bretones, ingleses, flamencos, mercaderes y marinos venidos de todas partes bullían por sus calles bajo la protección de los duques de Medina Sidonia, que establecieron aquí la capital de sus inmensas posesiones.
SABORES Y OLORES
Este aire señorial, de historia con mayúsculas -entre otros sucesos, Sanlúcar fue el punto de salida y llegada de la primera vuelta al mundo, completada por Juan Sebastián Elcano-, se percibe al pasar ante el castillo de Santiago, la iglesia de la O -con su fachada de filigranas mudejares-, el palacio Ducal o las covachas de la Cuesta de Belén. Y entre tanta nobleza surge también el contrapunto, más llano, de una ciudad que siempre ha compaginado la identidad campesina con los aires marineros.
Merece la pena acercarse al mercado de abastos para disfrutar del colorido y vividad de sus puestos de verduras, frutas y pescados; deambular por las cuestas y plazuelas entre casas encaladas y entrar en las tabernas donde fermenta el flamenco más puro y en las voluminosas bodegas en las que se cría con esmero el oro pálido de un vino especialísimo, la manzanilla, cuya cata in situ justifica ya de por sí la excursión.
El romántico edificio del palacio de Orleans muestra otro capítulo crucial de la atmósfera sanluqueña: su ascenso como balneario aristocrático desde mediados del siglo xix, cuando los duques de Montpensier escogieron la ciudad para pasar los veranos. Con este gesto pionero arrancó su trayectoria como lugar de veraneo selecto y destino reposado y tranquilo, ajeno al ritmo acelerado del turismo moderno. Porque la estancia en Sanlúcar se mueve al compás de claves propias, muy variadas y al gusto de cada uno.
UNA VARIADA OFERTA
El visitante queda impregnado de la esencia eminentemente andaluza de Sanlúcar al visitar sus incontables monumentos, o al tomar el aperitivo y relajarse en las terrazas de la Plaza del Cabildo, al degustar unos langostinos y la infinidad de exquisiteces que hacen de la comida todo un acontecimiento, al llamar al torno -Ave María Purísima- de las monjas de Madre de Dios para comprar un surtido de dulces; también al pasear entre casonas y bodegas hasta llegar a las playas donde corren los caballos en la temporada de verano. Desde allí, a la vista de los barcos y arenales de Doñana que se perfilan en la otra orilla, uno queda extasiado ante unas puestas de sol apoteósicas.
El brazo del río se puede remontar hacia el puerto de Bonanza, con su vaivén de pesqueros y el vocerío de la subasta en la lonja, perdiéndose luego en el plano infinito de la marisma: salinas, navazos -huertos excavados en la arena-, los pinares de La Algaida, esteros, pastos con toros mostrencos, y algún cortijo. Enfrente queda el aroma salvaje de Doñana, el coto que tomó su nombre de una de las duquesas de Sanlúcar, doña Ana de Mendoza, que gustaba de retirarse a su naturaleza intacta.
Sanlúcar es la puerta gaditana al parque nacional. En la barriada de Bajo de Guía, junto al río, se encuentra el centro de visitantes la Fábrica de Hielo -ubicada en un magnífico edificio- que ofrece exposiciones, visitas guiadas y todo tipo de información de la zona.
A poniente, las playas de la Jara serpentean hacia mar abierto, hasta la punta de Chipiona, donde las aguas ganan un color azul profundo y las olas baten con fuerza en los escollos del paseo y el santuario de la Virgen de Regla. Con una corona de urbanizaciones que delata su importancia como pueblo de veraneo, la vieja Chipiona, de fundación romana, se concentra en torno al faro, el castillo y el puerto, albergando además unas bodegas donde se elabora el vino moscatel más apreciado de Cádiz.
El ánimo se refuerza con el vigor oceánico de las playas que hay entre Chipiona y Rota, a lo largo de los rompientes, dunas y pinares de las Tres Piedras, la Ballena, Peginas y Punta Candor. Al doblar este cabo hallamos la población de Rota, cuyo núcleo ocupa el saliente que mira a Cádiz, en la boca de la bahía. El castillo de Luna, la iglesia de Nuestra Señora de la O y otras notas venerables dan sustancia al entramado de calles que se desliza hasta el puerto de esta villa hospitalaria y alegre.
PRJNCIPALES VISITAS
SANLÚCAR DE BARRAMEDA. En la desembocadura del Guadalquivir, esta ciudad de aire señorial está repleta de alicientes culturales y gastronómicos.
CHIPIONA. En esta población destacan los «corrales», el puerto y el santuario de la Virgen de Regla.
ROTA. Posee un hermoso casco histórico y largas playas abiertas al Atlántico.
P.N. DE DOÑANA. Es el humedal más importante de la Península. Se puede llegar hasta allí cruzando el río.

Muy bonita descripción, pero la foto no se corresponde con Sanlúcar.
mayo 25th, 2010 at 2:20 pm