Siena
Esta ciudad de calles estrechas, en la que viven unas sesenta mil personas, se halla en el corazón de la Toscana.
Tras soportar la muchedumbre turística de Florencia, las largas colas para entrar en los Uffizi y en la Accademia, y los ruidosos autobuses y vespinos por las estrechas calles, la visita de Siena es un gozo bendito. Todo su casco histórico es totalmente peatonal, perfecto para deambular y extasiarse ante su preservado ambiente de ciudad medieval. Es ésta la ciudad más armónica y bella de Toscana; un arrebatador conjunto de palacios y torres moldeados en el color ocre cálido de la tierra circundante, el color «siena».
Si Florencia es la orgullosa e intelectual ciudad del Renacimiento, Siena es la apasionada y popular ciudad del gótico. Sus rivalidades llenaron durante siglos la historia, hasta que la gran epidemia de peste negra de 1348 y su entrega por Carlos V al duque Cosimo de Florencia sellaron la decadencia de Siena.
Su centro y corazón en todos los sentidos es la plaza del Campo. Plaza-salón para ciudadanos y forasteros, mercado, lugar de ejecuciones, de proclamas al pueblo, de enfrentamientos civiles, de sermones religiosos y escenario de la gran carrera-fiesta del Palio. Su originalidad reside en su trazado en forma de concha o abanico, con su pavimento dividido en nueve sectores en honor del Consejo de los Nueve, gobernante de la ciudad en aquellos tiempos de prosperidad.
PATRIMONIO MEDIEVAL
El gótico Palazzo Publico preside la plaza. Perfectamente preservado, destruye la noción romántica de que un edificio medieval tiene que estar medio en ruinas para ser bello. En uno de sus lados surge lanzada al cielo la esbelta torre del Mangia, la segunda torre medieval más alta de Italia y a la que Henry James llamó «la declaración de independencia de Siena». El Duomo de Siena carece de una cúpula que pueda compararse a la etérea de la catedral de Florencia, pero si no hubiera sido por la referida epidemia, sólo Dios sabe hasta dónde el desmedido orgullo de los sienenses hubiera llegado en su afán de batir a su ciudad vecina.
La nave actual es sólo el transepto de lo que iba a ser la inmensa catedral. Construido en franjas alternas de mármol blanco y negro es, no obstante, una joya llena de obras originales. A su pavimento, formado por cincuenta y seis paneles esculpidos, único en el mundo, hay que añadir el pulpito de Nicola Pisano -de forma octogonal, describe escenas de la vida de Cristo-, las vidrieras de Duccio y las obras de Donatello, Bernini y Miguel Ángel.
Pero amén de éstos y otros monumentos, el carácter de Siena reside en la rivalidad, en ciertos casos odio, que existe entre los diecisiete contradi o barrios en que se divide la ciudad y que se desboca en la carrera del Palio, la fiesta más famosa de Italia. Se celebra, desde el siglo xm -las primeras crónicas sobre este acontecimiento datan del año 1283, aunque se cree que puede tener un origen más remoto-, cada 2 de julio y 16 de agosto. El Cortejo Histórico precede a la carrera en una solemne coreografía triunfal. En el desfile se conmemora la grandeza de la república de Siena. Lo componen los representantes de la Comuna, de las corporaciones y de las contrade; cada grupo
con sus caballeros, pajes, guerreros y bandas de música vestidos con trajes de época. Las parejas de abanderados rivalizan en saltos y lanzamientos al aire de sus enseñas. Cierra la marcha un carro tirado por bueyes blancos y portando el Palio, un estandarte blanco con la imagen de la Virgen.
Una muchedumbre enfebrecida se apretuja en el centro de la plaza y llena gradas y balcones. La desenfrenada carrera consta de tres vueltas a la plaza. Poco más de un minuto donde las esperanzas de los habitantes de cada barrio están depositadas en la resistencia de su caballo y la habilidad del jinete.
CUESTIÓN DE HONOR
Victoria o muerte. Nadie frena. Se entra en la curvas a toda pastilla. Se fustiga al caballo y a los jinetes contrincantes. Todo vale con tal de ser el vencedor o, al menos, que no gane el rival odiado. Es habitual que varios caballos caigan al chocar contra las vallas o arrojen al suelo a su jinete. La llegada del vencedor a la meta provoca el delirio entre sus partidarios mientras que los demás se desesperan y hasta lloran desconsolados. El heroico fantino es alzado en hombros y el caballo, abrazado por todos los que pueden acercarse a él. Después, toda la contrada, entre cantos y gritos, se dirige a la catedral para el Te Deum de la victoria.
PRINCIPALES VISITAS
PLAZA DEL CAMPO. Bordeada por palacios y terrazas de cafés, preside el conjunto, la torre del Mangia. En esta plaza tiene lugar la fiesta del Palio.
DUOMO. Iniciada en el año 1200, es una de las primeras catedrales de Italia.
museo cívico. En él destacan los frescos de la Maesfá, de Simone Martini, y la Alegoría del buen y mal gobierno, de Lorenzetti.
MUSEO DELL’OPERA DEL DUOMO. Desde su terraza se ve una bella panorámica.
