Las Molucas

«Los hombres de esta isla son amables y no tienen rey. Comen carne humana y van desnudos tanto los hombres como las mujeres. Pero sólo llevan una pieza de corteza ancha de dos dedos ante sus partes vergonzosas.» Esta información, una de las primeras que poseemos sobre las islas Molucas, nos la proporciona Antonio Pigafetta, que participó en el viaje en torno alrededor del mundo de Magallanes (1521). Hay que notar que este archipiélago cuya importancia en Indonesia es hoy día un tanto marginal, fue durante mucho tiempo, debido a sus clavos y a su nuez moscada, el objetivo principal del comercio colonial. Las islas del norte —Ternate, Tidore, Halmaera— se habían constituido ya como sultanatos bastante poderosos como para recabar tributos hasta en las costas de Nueva Guinea, mientras que las del Sur —Ceram (o Seram), Ambón, Buru— habían sido cristianizadas, ganadas para Occidente de la mano de los primeros misioneros portugueses.
Para quien conoce el resto de Indonesia, la atmósfera de Ternate, antiguo cuartel general de la Compañía de Indias orientales es el de otro mundo, el del Pacífico. Se habla allí de la Segunda Guerra mundial, de la resistencia de los japoneses. Por la tarde, las gentes evocan con palabras encubiertas tesoros desaparecidos, cargamentos de oro con destino a Birmania, hundidos en los alrededores y guardados por tiburones monstruosos.
La residencia del sultán cuelga del flanco de la montaña que domina la ciudad. Con un poco de suerte, se pueden ver las armaduras, la vajilla preciosa, los presentes de los occidentales que trataban de ganarse los favores del soberano. El objeto más insólito es una corona cuya cabellera según parece crece regularmente…
Los militares indonesios han ocupado el viejo fuerte cuyos inútiles cañones siguen apuntando hacia el mar. Los bancos, las grandes empresas han abierto agencias. Los funcionarios javaneses se aburren esperando la promoción que les lleve al país. Los chinos con sus dientes de oro estudian al cliente desde detrás del mostrador de su comercio, o se afanan en el interior de sus restaurantes para preparar los cangrejos de los cocoteros, enormes crustáceos que viven en tierra firme y cuya carne es muy sabrosa (son expedidos a precio de oro a Yakarta, ya que solo se encuentran en Halmaera). Un ave rapaz cruza con gran estrépito de alas, rompiendo el silencio…