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Ruanda y Burundi

Posted by 3603 days ago
Category: Zaire
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Pese a sus diferencias políticas, parece difícil no relacionar estos dos países, cuya geografía, historia, cultura y forma de vida se parecen tanto que podría decirse que sus disensiones proceden de sus semejanzas. Son Estados tapones entre Oeste y el Este, entre Zaire y Tanzania. Situados en la barrera montañosa que corta África verticalmente, constituyen una zona de paso obligado y, al mismo tiempo, el punto más alejado del destino final, el mar. El océano Indico está a 1.200 km y el Atlántico a 2.000 km, lo que no simplifica la búsqueda de un equilibrio económico. Este aislamiento valió a la región el que sólo fuera descubierta por los europeos tardíamente, a finales del siglo XIX.
Igual que su vecino Zaire, Ruanda y Burundi estaban poblados en su origen por
pigmeos: los twas (o batwas), que no subsisten más que en pequeño número y muy mezclados. Luego vinieron, a comienzos de nuestra era, agricultores bantúes, la etnia más importante del momento actual; son los hutus (o bahutus).
En torno al siglo XVI, pastores hamíticos, los tutsis (o batutsis), llegaron del Norte con sus rebaños de bueyes. Estos hombres delgados, que apreciaban tanto los chistes y bromas y bebían hidromiel, eran igualmente valerosos guerreros. Impusieron su monarquía a los hutus.
Los reyes se sucedieron en ambos países con fortunas y rivalidades de influencia. Los primeros colonizadores —los alemanes— se apoyaron en las monarquías reinantes para establecer su dominación. Tras la Primera Guerra mundial, los belgas hicieron lo mismo hasta la independencia, en 1962. La liberación de los territorios fue seguida de una explosión de los instintos étnicos y de sangrientas guerras fraticidas entre hutus y tutsis.
Una de las particularidades de Ruanda y de Burundi es tener una población importante en una superficie pequeña. Esta densidad no comporta la miseria, pese a un terreno montañoso. No hay grandes aglomeraciones, donde podrían amontonarse los parados, sino una nube de pequeñas aldeas familiares. A lo largo de las pistas se desgrana una sucesión de cabañas, generalmente hechas de barro seco, sujeto por un trenzado de madera coronado por un tejado de paja, que cada vez va sustituyendo más la teja ondulada. Alrededor, los bananeros forman un tupido velo; sus frutos sirven básicamente para fabricar la cerveza por fermentación. Muy cerca está el recinto donde los bovinos están cerrados durante la noche. Con sus largos cuernos, forman parte del paisaje; también forman parte del patrimonio y representan un capital más que una fuente de alimentación: la importancia del propietario y su rango social son determinados por el número de estos animales, por lo que no es cuestión de matarlos, y la cabaña resulta totalmente improductiva. En torno a este núcleo se extienden los campos, sembrados de grupos de eucaliptos, plantados de cultivos. Las mujeres trabajan vestidas con tejidos de vivos colores.
Un relieve bastante elevado (entre los extremos, 770 m y 4.500 m, la altitud media se establece a 1.500 m), pero sin agresividad, caracterizan a los dos Estados, que se autodenominan «país de las mil colinas». Del conjunto emana una gran dulzura, confirmada por un clima templado. En el Norte, en Ruanda, el parque de los Volcanes, en el macizo de los Virunga, prolonga el de Zaire. Muchos de estos volcanes, el más elevado de los cuales, el Karisimbi (4.507 m), posee dos cráteres, se prestan al ascenso, y se encuentra allí la sorprendente vegetación del Ruwenzori: hagenias de largas cabelleras de líquenes, liqúenes arborescentes, inmortales, lobelías, y muchas otras plantas extraordinarias. Con un poco de suerte, también se pueden ver elefantes, búfalos e incluso, aunque sean mucho más raros que en Zaire, gorilas.
Resulta divertido constatar que hay una fuente del Nilo en Ruanda y otra en Burundi; forman parte de los recursos turísticos, y se puede admirar, en ambos casos, un pequeño riachuelo.
Una multitud de lagos ocupa estas regiones, pero dos de ellos sobre todo atraen a los visitantes: el Kivu, en Ruanda, lugar de excursión y de ocio (con bella playa muy bien equipada en Gisenyi), y el Tanganika, en Burundi, auténtico mar interior. Las aguas de este último son sumamente ricas en pescado, y los pescadores sacan tonelada de n’dagalas (pececillo que se parecen a las sardinas). La capital de Burundi, Bujumbura, gran ciudad de casas bajas, aireada por el verdor, se extiende a sus orillas. La capital de Ruanda, Kigali, se oculta entre las colinas; los barrios son muy dispersos, cada uno ha tomado posesión de una colina, coronada por una iglesia o un pequeño inmueble que la diferencia de sus vecinas. Desde allí, una carretera se dirige hacia el este y hacia la principal atracción de Ruanda: el parque de Kagera, reserva de animales de 390.000 hectáreas. Pistas bien mantenidas permiten descubrir paisajes muy diversos: colinas que pueden alcanzar los 1.600 m, sabana herbosa o arbustiva, conjunto de lagos y de islas, bosques-galerías  a lo largo  de  los  ríos.  La flora es interesante, también la fauna: hipopótamos, leones, panteras, cebras y, sobre todo, colonias de antílopes y de búfalos. Allí hay por centenares, cuando no por miles, damaliscos, impalas, kobs, linces y unos pocos sitatungas, que viven entre los cañaverales. Los búfalos, de impresionante tamaño, son unos 7.000. Es posible cazarlos en reservas especiales, y sus trofeos son muy apreciados. No olvidemos las aproximadamente 500 especies de pájaros de todos los tamaños, que hacen escala en los lagos en el curso de sus migraciones. Aunque esté próxima a Kigali, esta reserva es poco visitada. Probablemente a eso se debe la impresión de intimidad y de paz.

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