Islandia

No falta quien la confunda con Irlanda, porque entre ambos nombres sólo hay dos letras de diferencia, pero Islandia, la gris, difiere bastante de Irlanda, la verde, en muchas otras cosas. Para no confundirlas, lo mejor es ubicarlas bien geográficamente: Irlanda se encuentra, sin lugar a dudas, a la vera de Europa, e Islandia, aunque todo el mundo la considera europea (la cultura tira más, a veces, que la geografía), está mucho más cerca de América.
La distancia entre la isla americana de Groenlandia, tierra de esquimales y osos polares, e Islandia, tierra de vikingos y zorros azules, es de tan sólo 240 Km, mientras que la costa occidental de Noruega, país de precipicios abismales y de donde proceden sus primeros pobladores, queda a 917 Km. La cercanía de Groenlandia, la de los impresionantes y enormes glaciares de hielos perpetuos, ha hecho que muchas personas, en países lejanos, crean que Islandia tiene un paisaje igual de desolado y frío.
Pero Islandia, refugio que fue de barbudos vikingos, no es fácil de definir. Para comenzar, tenemos la gran paradoja de que ésta es una tierra de hielo y de fuego. Por una parte, está salpicada de enormes glaciares (el mayor de ellos, el Vatnajókull, tiene una extensión de 5 226 Km2, mayor que la república caribeña de Trinidad y Tabago, con sus 5 128 Km2). Pero, por otra, es el país con mayor concentración de volcanes en el mundo, cerca de cien (el más famoso es el Hekla), intercalados con un número algo mayor de chorreantes manantiales de aguas calientes o geiseres (palabra que, no por casualidad, es islandesa). Es decir, que uno puede abrasarse en la lava hirviente o congelarse sobre hielos perpetuos con sólo caminar unos kilómetros. No obstante, en las zonas neutras, en el área cultivable de la nación (un 14% de la superficie total de 103 000 Km2), por ejemplo, la temperatura es muy agradable, produciéndose veranos con promedios de 13° C.
LA NATURALEZA TODAVÍA ESTÁ CONSTRUYENDO A ISLANDIA
La Naturaleza, experimentadora de la creación, parece haber escogido a Islandia como laboratorio de intrépidos ensayos geobiológicos. Las glaciaciones terribles y las explosiones volcánicas aterrorizadoras han arrasado varias veces con la vida de la isla: unas con hielo, las otras con lava. Más tarde, muy lentamente, sucesivas primaveras cubrían de vida a la desolada Islandia, para que otro ciclo de horror la exterminara de nuevo. Parece que nunca hubo tiempo suficiente para que ninguna especie importante lograra desarrollarse desde la aparición de la isla, creada volcánicamente, ya que no hay rastro de ningún animal autóctono.
El 14 de noviembre de 1963, en los mares del suroeste del país, un hecho nos dio una idea de cómo surgió Islandia del océano: una isla se comenzó a formar, resultado de una erupción volcánica. Algunos pensaron que iba a ser solamente un hecho temporal, pero se equivocaron. A esta nueva isla la llamaron Surtsey, en honor al gigante de la mitología nórdica: Surtur.
Un grupo de inconformes con el nombre se lanzó a la isla, en ristre un letrero con otro nombre: Veste rey (Isla Occidental). Las almas de los vikingos creyentes en Odín debieron alegrarse con la reacción de Surtur, encargado de batallar con Freya en los últimos días del mundo. El gigante activó el volcán, que destruyó el letrero y llenó de pavor a los blasfemos, los que apenas lograron salir con vida de la isla, hoy convertida en un laboratorio científico para geólogos y biólogos.