Egipto
El norte de África es un inmenso desierto de piedra y arena: el Sahara. Sin embargo, de ese desierto surgió una de las civilizaciones más brillantes de la historia, la de Egipto. Palacios, templos, pirámides, esfinges, faraones y momias aparecieron un día en el nordeste de África, hace miles de años, y hoy continúan asombrándonos por ser muestras de una extraordinaria civilización. Pero todas esas manifestaciones de la cultura más estable que ha existido en el mundo (comenzó a desarrollarse desde el quinto milenio antes de Cristo y se mantuvo hasta comienzos de la Era Cristiana) se deben a un río único: el Nilo. No sólo permitió el nacimiento del Egipto de los faraones, sino que aún hace posible la vida en el Egipto actual. Por eso, antes de hablar de Egipto, es preciso hablar del Nilo.
El río Nilo nace en Burundi —por debajo de la línea ecuatorial— atraviesa el lago Victoria y continúa hasta el Mediterráneo, pasando por el Sudán y Egipto, en un recorrido de 6.674 kilómetros (4.171 millas). Hasta la altura de la ciudad de Jartum (en Sudán) recibe el nombre de Nilo Blanco. Pero en ese mismo punto se le unen las aguas de otro río —que nace en el lago Tana de Etiopía— llamado Nilo Azul. Los dos ríos unidos, desde artum al Mediterráneo, forman el Nilo que todos conocemos, el de las pirámides y las tumbas de faraones llenas de tesoros.
La historia del Nilo comenzó hace 60 millones de años, aproximadamente, aunque entonces no tenía la forma que tiene hoy. Su curso, como lo conocemos en la actualidad, quedó establecido hace 25 mil años. La historia del hombre moderno (homo sapiens sapiens) a sus orillas, se inició unos 10 ó 17 mil años más tarde. Sin embargo, se han encontrado utensilios de piedra en sus márgenes que corresponden a culturas desarrolladas por los precursores del homo sapiens sapiens (como el hombre de Neanderthal) hace 450 mil años.
