Museo de viena
Se ha propuesto la ciudad en sus iniciativas culturales, la última con la reapertura de la Albertina. Lo hizo a lo grande, con una exposición de Edvard Munch que atrajo a miles de visitantes para conocer la muestra más extensa del pintor noruega fuera de su tierra. El acontecimiento lo merecía, por que los vieneses volvían a pisar la mayor colección de artes gráficas de Europa, con 65.000 dibujos y un millón de grabados desde la época gótica. Una colección iniciada en el siglo XVIII por el duque Albert de Sa jonia-Teschen, casado con la hija favorita de la emperatriz María Teresa, que ocupa el antiguo palacio residencial de los Habsburgo, restaurado y ampliada en 13.000 metros cuadrados das cinco años de obra y una inversión de 100 millones de euros. El museo no ha cambiado de lugar. Sigue a espadas del palacio de Hofburg, junto al refinado jardín Burggarten. Pero se ha transformado en un elegante centro de arte con lujosos materiales y una facha da lateral que ha vuelto a su estado original de 1822. Los suntuosos salones con paredes de seda se han abierto por primera vez al público para mostrar un clasicismo que contrasta con el trazo posmoderno de la fachada principal, donde el arquitecto Hans Hollei ha diseñado un techo voladizo de titanio de 65 metros. En el interior, el museo que posee la mayor colección gráfica de Durero, además de valiosas obra de Rafael, Leonardo da Vinci, Rembrandt, Cézatnn o Picasso, presenta tres exposiciones en otras tanta salas, dedicadas a gráfica, fotografía y arquitectura
