La isla Santiago
La isla Santiago.
De este lugar conservo el mejor recuerdo de este viaje. Quizá fue obra del sol que, habiéndole ganado al mal tiempo, iluminó sin piedad el negro paisaje volcánico de la costa. Sobre este antiguo flujo de lava merodean las iguanas marinas, se las ve por todas partes, con sus cabezas levantadas e inmóviles, ofreciéndonos la imagen de sus siluetas pinchudas, mimetizadas con la negritud del suelo. El único signo vital que percibimos fue el chorro de sal que largan de cuando en cuando por las glándulas especiales que tienen sobre su cabeza. Son criaturas únicas en el mundo, sólo comen algas y se pasan la vida en actitud estática, con los ojos semi-cerrados, absorbiendo energía del sol. Junto a las iguanas descubrimos los cangrejos de lava, con unos colores tan estridentes que hipnotizan, esperando a que bajara la marea.
Siguiendo nuestra caminata sobre la piedra negra nos distrajimos sacando fotos a un lobito marino. El primer impulso que uno tiene cuando ve a uno de estos pequeños alejado de su madre es tocarlo; hay que tratar de que este arrebato no nos gane: está totalmente prohibido pasarle una mano por encima, ya que el simple olor que le queda en la piel al animal hace que la madre no lo reconozca. Y no existe la adopción entre estos magníficos animales.
Esa noche navegamos hacia el norte, cruzando la línea ecuatorial rumbo a…
