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LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN NACIÓ EN LAS GALÁPAGOS

Posted by 1842 days ago
Category: Islas Galapagos
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LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN NACIÓ EN LAS GALÁPAGOS:
Salvo por la breve visita de su descubridor y las incursiones de los filibusteros, las islas del archipiélago continuaron durante tres siglos más en el mismo aislamiento milenario que había producido aquellas especies animales y vegetales tan diferenciadas y que no tenían igual
en el resto del planeta. Ninguna nación había puesto a las Galápagos bajo la protección de su bandera hasta que, finalmente, en 1832 pasaron a formar parte de la República del Ecuador. Tres años después ocurrió un hecho que revolucionó la ciencia moderna: la visita del naturalista inglés Charles Roben Darwin, quien a la sazón tenía sólo 26 años de edad. Este se había embarcado en el barco H.M.S. Beagle, el cual realizaba un viaje de exploración alrededor del mundo que se prolongó durante cinco años. Al llegar a las Galápagos, el naturalista —que no recibía salario alguno por su trabajo— pasó cinco semanas explorando activamente las Islas, durante las cuales la forma peculiar en que se había comportado la naturaleza en aquellos apartados parajes comenzó a inspirarle sus revolucionarias teorías.
Las varias especies que habitan el archipiélago —principalmente los pinzones y las tortugas gigantes o galápagos— habían evolucionado de distinta forma en cada isla. Al parecer, la naturaleza lo había dispuesto así para permitirles adaptarse mejor al medio ambiente y aumentar sus probabilidades de sobrevivir. Estas fueron las bases sobre las que Darwin desarrolló su teoría de la evolución, que tanto influiría en el pensamiento de la humanidad y provocaría enconados debates, no sólo científicos, sino teológicos y judiciales.
En su libro The Voyage oí the Beagle (“El viaje del Beagle”), Darwin describió las Islas de este modo:
“Están formadas por rocas volcánicas. Algunos de los cráteres que se observan en las islas mayores tienen un tamaño enorme y se alzan a una altura de tres a cuatro mil pies (914,4 a 1219,2 m). Sus bordes muestran innumerables orificios pequeños. Podría afirmar que en todo el archipiélago debe haber por lo menos dos mil cráteres”.
El interés de Darwin se centró especialmente en los animales, de los cuales hizo unas amplias descripciones. Los que más llamaron su atención y le hicieron meditar sobre la idea que más tarde desarrollaría en su famosa teoría, fueron las aves llamadas pinzones. De ellas, existen en las Islas trece especies distintas, agrupadas en tres géneros: el Certhidea, que fue el primero en llegar; el Camarhynchus, que comprende seis especies que habitan en los árboles; y el Geospiza, compuesto también por seis especies, pero que viven en el suelo. Cada una de ellas significa una adaptación evolutiva a sistemas especiales de vida y de alimentación, y esto fue lo que cautivó al famoso naturalista.
Procedentes todos de un tronco común, los distintos grupos fueron evolucionando en el aislamiento y selección natural de aquellos parajes hasta alcanzar sus formas actuales, en las que presentan hábitos de vida muy diferentes entre sí. Por mencionar sólo los más interesantes, el pinzón carpintero (Camarhynchus pallidus) de la isla Santa Cruz, pertenece al exclusivo grupo de animales que utilizan instrumentos para cazar. Corta una ramita pequeña como un palillo, y con ella comienza a hurgar en los huecos de las ramas donde hay larvas o gusanos. Cuando la presa sale, suelta inmediatamente el palillo y la atrapa. Pero esta extraordinaria historia no termina aquí: si el palillo le ha resultado efectivo, vuelve a recogerlo y se lo lleva de rama en rama para seguir cazando con él. Uno de los grandes pinzones de tierra —el Geospiza conirostris— es un notable levantador de pesos: para encontrar sus presas, levanta con su robusto pico piedras que llegan a pesar hasta quince veces lo que pesa su pequeño cuerpo.
Otro ejemplo interesante de adaptación a una vida difícil lo constituye el pinzón de tierra de pico afilado (Geospiza difficilis) que se alimenta de sangre. Se posa sobre el llamado pájaro bobo, le pica la piel en la base de las plumas secundarias de un ala, y se bebe la sangre que emana de la herida de su víctima.
Todo este grupo de aves recibe hoy día el nombre de pinzones de Darwin o pinzones de las Galápagos.
Otro grupo animal característico de las Islas sobre el que escribió Darwin en su interesante diario es el de las iguanas: “El Amblyrhyncus, un género extraordinario de iguanas, está confinado a este archipiélago. Hay dos especies, que se parecen entre sí en su forma general; una es terrestre y la otra acuática. Esta última especie (A. Cristatus) es extremadamente común en todas las islas del grupo, vive exclusivamente en las rocas costeras, y nunca se la encuentra —o al menos nunca vi una— a más de diez metros de la orilla. Es una criatura de aspecto decididamente repulsivo, de un color negro sucio y muy torpe en sus movimientos. El largo normal de un ejemplar adulto es de aproximadamente un metro, aunque las hay hasta de 1,20 metros. Un ejemplar grande pesaba 9 kilos. Sus colas son aplastadas por los lados y en las patas poseen membranas parciales”.
“Las especies terrestres (A. Demarlil) tienen la cola redondeada y carecen de membranas en las patas. A este lagarto se le encuentra sólo en la parte central del archipiélago. Habitan las zonas húmedas de las Islas, pero son más numerosos en las zonas áridas”.
Casi siglo y medio más tarde, en 1970, otro gran naturalista, el francés Jacques-Yves Cousteau, visitó las Galápagos, pero su impresión de las iguanas fue bien distinta. Para él no son animales repulsivos ni tienen la fealdad que les imputaba Darwin, aunque reconoce que, en materia de estética, las opiniones personales no siempre pueden coincidir. Cousteau llegó a entablar amistad con Cari Angermeyer, colono alemán de San Cristóbal, quien se estableció allí antes de la Segunda Guerra Mundial huyendo del nazismo, y desde su llegada se dedicó a amaestrar a estos reptiles, al punto de que Cousteau, pese a estar familiarizado con todo tipo de conducta animal, se asombró al ver la placidez con que una iguana de quince años de edad dormía en el sofá de la sala del emigrado alemán, mientras que otras andaban libremente por toda la casa. “Es el espíritu de las Galápagos”, escribió Cousteau posteriormente, “que permite al nombre y a los animales compartir el mismo ambiente, porque cada cual tolera al otro y respeta sus necesidades”. También, como era de esperar, hubo otro grupo de animales que llamó la atención de Darwin: el que dio su nombre a las Islas, es decir, los galápagos o tortugas gigantes. Los antepasados de estos animales pueden haber llegado en la misma forma que su flora y el resto de su fauna; es decir, flotando sobre las grandes balsas de vegetación que los ríos del continente suramericano lanzan al mar, sobre todo durante las grandes y frecuentes inundaciones.
La probabilidad de que haya sido ésta la forma en que se poblaron las islas del archipiélago la sugiere la relativa juventud de estas formaciones, cuyas edades fluctúan en la mayoría de los casos entre uno y dos millones de” años (períodos éstos relativamente breves en la cronología geológica). Con sólo una de estas balsas cargada de animales que llegara a las Islas cada cien mil años, habría sido suficiente para poblarlas con las especies que existen actualmente en ellas. Y esto explicaría también por qué no hay en ellas batracios ni ningún otro tipo de animal que necesite imperiosamente del agua dulce para vivir, ya que éstos no habrían podido soportar una travesía semejante.
Las tortugas, tan resistentes, no sólo soportaron el accidentado viaje, sino que encontraron un habitat magnífico en las Islas, en las que llegaron a desarrollarse catorce subespecies diferentes, once de las cuales sobreviven aún. Estuvieron repartidas por todas las Islas, entre las que deben haber pasado flotando sobre grandes trozos de piedra pómez, ya que no pueden sobrevivir muchas horas a nado. Hoy puede encontrárselas en Fernandina, Isabela y Santa Cruz, y entre ellas se distinguen dos tipos principales: las de concha redonda, y otro grupo más difícil de localizar y estudiar, que comprende a las que tienen el caparazón en forma de silla de montar. En las islas más áridas, estas tortugas han desarrollado un largo cuello para poder alimentarse de los cactos opuntia, los cuales a su vez han tenido también que evolucionar. Donde no hay tortugas —como en la isla Champion— se desarrollan a ras de tierra, con las hojas y los frutos muy cerca del suelo. En cambio, donde existen estos animales que se alimentan de ellos, se han convertido en árboles que alcanzan hasta ocho metros de altura.

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