Asturia Moreda
Fiesta de solidaridad
Exaltación asturiana y principios solidarios son los elementos clave en la celebración de los Humanitarios de Moreda, una fiesta que tiene su origen en las actuaciones de una hermandad de vecinos que velaba por los más necesitados.
Los orígenes de la fiesta de los Humanitarios de Moreda, que se celebra cada año el 11 de noviembre por San Martín, no son estrictamente ludióos. En los últimos años del siglo XIX, la estructura económica del concejo asturiano de Aller, donde se ubica Moreda, cambia radicalmente. La ganadería y la agricultura dejan paso a las explotaciones mineras, con un gran incremento de la población que genera carencias y nuevas necesidades en el tejido social. Es en este contexto, un grupo de vecinos decide organizarse en la hermandad Humanitaria de Labradores, Industriales y Obreros de la parroquia de Moreda, posiblemente una de las primeras ONG del mundo, para ayudar a las personas necesitadas, intermediar en los conflictos ganaderos surgidos por el uso de los pastos y promover proyectos para mejorar la calidad de vida de los vecinos.
La asociación desapareció al comenzar la Guerra Civil, pero volvió a organizarse en 1966, añadiendo a su finalidad humanitaria la defensa y el mmtenimiento de la cultura tradicional asturiana en todas sus manifestaciones. De este modo comienza la historia más lúdica de la hermandad, cuya máxima expresión es la fiesta de los Humanitarios que se celebra cada 11 de noviembre con un completo programa de actividades que resume la esencia de las tradiciones asturianas: folclore, indumentarias, música, baile y gastronomía se conjugan para vivir una jornada de exaltación de los valores asturianos organizada por los 1.400 socios de la hermandad.
Las celebraciones comienzan la víspera con la lectura del pregón, que este año a cargo del escritor Eduardo Alonso, y la elección de la xana de San Martín (reina de las fiestas) y sus damas de honor. Desde ese instante, el sonido de gaitas y tambores se convierte en el acompañamiento constante en calles y plazas.
El día 11, San Martín, se celebra una misa solemne cantada y con gaitas. A su finalización llega uno de los momentos más importantes de la fiesta: la ofrenda de puya del ramu al patrón. El ramu es una peana con un armazón de madera donde se colocan bollos de pan de escanda y otros productos gastronómicos que se subastan entre los asistentes. El dinero que se logra en la puja (el año pasado fueron 1.800 €) sirve para financiar los programas de la asociación durante todo el año.
Tras la puja, la fiesta continúa con un desfile de bandas de gaitas, grupos de baile, los gigantes Telva y Piñón y carros típicos asturianos tirados por bueyes que transcurre por las calles del pueblo hasta la hora de la comida. Por la tarde, una vez digeridos los excesos de la comida, es el momento de la chocolatada, una tradición que se remonta a los años en que la hermandad repartía tazones de chocolate entre los vecinos más pobres.
Tras unas horas de respiro, vecinos y turistas, todos a una, vuelven a reencontrarse al final de la tarde para la celebración del baile popular. La intención de los organizadores es recuperar los bailes, danzas y expresiones musicales más tradicionales de esta comarca asturiana. Entre los sones de gaitas, tambores y xiples (una flauta de pequeñas dimensiones) se organizan antiguas danzas como la de los siete tacones o la del palo del avellano. En las últimas ediciones de esta fiesta se ha podido escuchar también la música de Bandina, una formación de varios músicos cuyo origen se remonta a principios del siglo XX.


