Piriápolis

A pocos kilómetros de Punta del Este, el más tradicional de los balnearios uruguayos conjuga historia, mar y vida natural.
Un hacedor, Francisco Piria -uruguayo de sangre italiana, dueño de las tierras- soñaba con una ciudad balnearia al estilo de Niza, Cannes y Sorrento, pero en Sudamérica. Así nació Piriápolis, en 1891, inmortalizando, de paso, el nombre de su fundador. Con el tiempo la ciudad se ha convertido en uno de los clásicos de la costa uruguaya, con más de 20 kilómetros de playas blancas y solitarias. Frente al puerto, se alza el Cerro San Antonio (uno de los siete que rodea la ciudad), al que se puede subir en aerosilla o auto, para disfrutar de la mejor vista posible. A sólo cinco kilómetros de allí, está el Cerro Pan de Azúcar, donde también se puede acceder a la cumbre tras una caminata de dos horas. Pero no es obligatorio, en la base del cerro se halla la Reserva de Fauna Autóctona, abierta desde el amanecer hasta la puesta del sol, y donde hay más de 250 especies entre aves, mamíferos, reptiles y anfibios.
Pero no se puede hablar de Piriápolis sin mencionar al Hotel Argentino, creado también por Piria, en 1930, con más de 350 habitaciones y donde, además, funciona un casino. Capítulo aparte merece la península de Punta Colorada, en las afueras de la ciudad. Un lugar ideal para los amantes de la pesca y donde, dicen, se comen las mejores miniaturas del Uruguay. Porque Piriápolis es el sitio perfecto para vivir la naturaleza con todos los sentidos.