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		<title>México</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Dec 2007 20:09:13 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://turismoactivo.us/wp-content/mex.jpg" title="Ciudad de México"></p>
<p style="text-align: center"><img src="http://turismoactivo.us/wp-content/mex.jpg" alt="Ciudad de México" height="291" width="435" /></p>
<p></a></p>
<p>Nación latina de <strong>América del Norte</strong>, tan grande como cuatro veces España, México tiene la forma de un cuerno de la abundancia, cuya punta sería la<strong> península de Yucatán</strong>.<br />
Limitado al norte por los Estados Unidos y el río Bravo del Norte, que los americanos llaman «río Grande», al sur por Guatemala y Belize, el territorio está bañado por el golfo de México y el mar de las Antillas al este, por el océano Pacífico al oeste. Como los Estados Unidos, es una república federal, que agrupa 31 estados y un distrito federal. Se encuentran todas las vegetaciones y todos los climas: los de las zonas cálidas a orillas del mar; los de las zonas templadas en la meseta central; las zonas frías en las dos sierras Madre (oriental y occidental), que forman la espina dorsal del país.</p>
<p>«México es el país menos aburrido del mundo», escribía Jacques Perret. En los aproximadamente 3.000 km que separan los Estados Unidos de Guatemala, la variedad de pueblos, costumbres y paisajes es auténticamente prodigiosa. En el capítulo de los clichés, México aparece como un desierto, jalonado de cactus, recorrido por jinetes bigotudos, con su ancho sombrero, vestidos de negro y llevando gigantescas espuelas de plata, machos valentones que cultivan el gusto por la muerte. Y se descubre, en toda la exuberancia de una vegetación tropical, un pueblo barroco, apasionado, amante de la fiesta, de la música, de las flores y de todas las artes. El enfremamiento entre las civilizaciones indias y la cultura española acabó en un maridage de donde ha surgido una irresistible explosión de vida. Visitar un pueblo, descubrir un mercado, seguir una peregrinación, es sumergirse en un baño de colores y gustar la borrachera de la desmesura.<br />
En el pueblo, si la iglesia tiene color pistacho, el ayuntamiento será color salmón. Están plantados a un lado y otro del zócalo, la gran plaza que está adornada, las más de las veces con la estatua de un gran personaje. En torno al zócalo, bancos adornados de azulejos, fuentes de agua, boganvilias, hibiscos. Y luego peluquerías, evocadoras de los saloons de los westerns, donde se toma el pulque, jugo fermentado de un agave, la fuerte tequila, alcohol destilado a partir de otro agave.<br />
El mercado, por su parte, despliega el pavés de los pimientos, plátanos, bananas, aguacates, cañas de azúcar&#8230; Está lleno de matronas y muchachitas que se pasan el día entero vendiendo sus cinco limones y miran con sus ojos negros al comprador que tiene la pretensión de comprarlos todos al mismo tiempo. Los indios de la montaña han hecho 20 km a pie para intercambiar un manojo de ramas por algunas naranjas. Los comerciantes de tortillas, la galleta de maíz que constituye el alimento básico, hacen sonar alegremente sus palmas para ablandar la pasta.<br />
La producción artesanal —en absoluto destinada a los turistas, salvo en algunos lugares especialmente frecuentados por los extranjeros— revela una facultad de invención inigualable. El plumero de un ama de casa o una simple flauta de terracota tienen la gracia de un objeto raro. Los pájaros pintados, las estatuillas maliciosas, los ponchos multicolores, los objetos de jade, de turquesa, de alabastro, de ónice o de bambú están inspirados a la vez en el candor de la infancia y el gusto por lo fantástico. Bernal Díaz, el cronista de Cortés, extasiándose ante el mercado central de Tenochtitlán, <strong>la capital de Moctezuma</strong>, terminaba su narración con un suspiro: «Jamás acabaría de enumerar&#8230;» En este sentido nada ha cambiado a pesar del paso de los siglos.<br />
La fiesta es algo omnipresente. Si fuéramos de un punto a otro del territorio, consignando el calendario exhaustivo de las festividades, constataríamos probablemente que existen más de una por día. Fiesta pagana, cristiana o patriótica, fiesta privada y fiesta improvisada, en la que se cae con frecuencia en el momento en que menos se piensa y de la que es imposible escapar&#8230; En las cercanías de Pascua, de Navidad y del 12 de diciembre, la fiesta de <strong>Nuestra Señora de Guadalupe</strong>, patrona de México, las iglesias están ocupadas noche y día por una multitud que ora, canta y duerme allí mismo. Las mujeres dan de mamar a sus niños y, a falta de confesionarios, en número suficiente, los sacerdotes reciben públicamente la confesión de los pecados. En algún santuario de la montaña, allí al abrigo de los tiempos modernos, los indios continúan viviendo a su ritmo, se asiste a una impresionante mezcla de paganismo y cristianismo, las imágenes de los santos están adornadas o vestidas en función de sus beneficios y, cuando los milagros resultan decididamente escasos, los santos en cuestión son puestos de cara a la pared, como castigo&#8230; Durante la Semana Santa, la reconstrucción de la Pasión de Cristo se desarrolla con un realismo a veces impresionante. Por todas partes, lo sobrenatural se mezcla estrechamente con la vida cotidiana. Nada más alegre, más vivo que un cementerio mexicano: ninguna verja separa del exterior las tumbas de tiernos colores, ya que sería cruel poner aparte a los difuntos. El Día de los Muertos todas las confiterías ofrecen dulces en forma de esqueletos y es algo de buen tono enviar a sus amigos, a través de la gaceta local, versos sobre la Danza de la Muerte&#8230;<br />
Otra fuente de admiración para el visitante: el número y la importancia de los lugares arqueológicos. Se han recensado más de 11.000 en el conjunto del territorio y todavía no se ha acabado. La abundancia es tal que los arqueólogos renuncian a veces a excavar un paraje del que no esperan gran cosa nueva, para consagrar sus esfuerzos y sus créditos a los terrenos que prometen algo inédito. Los obreros entran entonces en acción a centenares. Con sus pirámides, sus palacios, sus juegos de pelota, sus estelas y sus monumentos, un sitio «interesante» puede ocupar varias hectáreas. Se<br />
puede excavar el mismo lugar durante decenios sin llegar a agotarlo. La última gran cantera de excavaciones habría sido la del metro de <strong>México</strong>: a cada paso los obreros sacaban huellas de la antigua capital de Moctezuma.<br />
Nada tiene de extraño, pues, que la arqueología revista en México un aspecto pasional: a la búsqueda de sus fuentes, de sus raíces, el ciudadano de hoy día, olvidando gustoso el «entreacto» colonial, se siente profundamente afectado por cualquier descubrimiento que se refiera a las civilizaciones indias. Esta «prehistoria» sigue siendo para él de una actualidad ardiente, ya que aztecas y mayas figuran siempre como grandes antepasados. En un país en que las estadísticas oficiales recensan un 60 por 100 de blancos, el monumento a la Raza, la fiesta de la Raza y las estatuas elevadas en Cuauhtémoc, el último emperador azteca que resistió a Cortés, van en este sentido. Es en el museo, ante los restos de trece civilizaciones precolombinas conocidas hasta hoy día, donde los niños de las escuelas aprenden a conocer a su patria.</p>
<p><strong>La borrachera de México</strong><br />
Catorce millones de habitantes en el Gran México, 40 km de diámetro, 2.240 m de altitud. Una ciudad amena que, al compás de la expansión demográfica y de la inmigración de los campesinos fascinados por sus luces, se extiende irresistiblemente en dirección de las dos sierras Madre, que se unen en torno a ella. «México será verdaderamente una ciudad magnífica —decía un viajero— el día que se la inaugure.» Tal como está ahora, con su torre latinoamericana dominando la perspectiva de la Reforma y de Insurgentes —dos interminables bulevares que arrastran su ola de coches durante docenas de kilómetros, entre fachadas sin especial estilo—, puede decepcionar en un primer momento. Pero ocurre con México como con la mayoría de las grandes metrópolis contemporáneas: el secreto de sus encantos está reservado al viajero sutil, capaz de ver, más allá de las apariencias, la memoria de una ciudad.<br />
Un buen lugar para abordarlo<strong>: la plaza Garibaldi</strong>, en la hora en que las orquestas de mariachis comienzan su ronda de noche en busca del aficionado que las va a alquilar para celebrar un aniversario, una recepción, o para ofrecer una alborada a su amada. A fin de ganarse el mercado, las formaciones rivales dan muestras de sus talentos con una alegría capaz de resucitar un muerto. La altitud, la música, el olor de la pimienta, un vaso de tequila: los ingredientes de la borrachera de México están listos.<br />
Una cita más culta luego, en el Zócalo, el corazón de la ciudad azteca, el término de la búsqueda para la tribu venida del norte. Según la profecía, la errancia tendría fin allí donde los sacerdotes vieran un águila apostada sobre un cactus y teniendo en su pico una serpiente. Aquí se elevaron el<strong> palacio de Moctezuma</strong>, el recinto del Gran Templo con sus pirámides y sus santuarios, el disco de los sacrificios, que tuvieron que transportar 50.000 hombres; los juegos de pelota, los conventos, los arsenales, «cosas jamás vistas (&#8230;) ni siquiera en sueños», escribía el cronista de Cortés.<br />
De todo aquello, nada queda. El conquistador y sus compañeros, persuadidos por los sacrificios humanos de que habían descubierto el reino de Satán, arrasaron la ciudad por fanatismo y sus cimientos por ambición: se decía, en efecto, que los sacerdotes, para propiciarse a los dioses, ocultaban los tesoros bajo las primeras piedras de los templos.<br />
Tras haber destruido todo, los españoles reconstruyeron in situ su propia capital: la catedral, que es la más antigua de América latina; <strong>el Sagrario</strong>, suntuosamente barroco; el Palacio nacional y el Monte de Piedad, asediado por una multitud colorista.<br />
A dos pasos, el<strong> mercado de la Merced</strong>, cuyos puestecillos ciñen uno de los más bellos claustros del país, nos darán —con la misma razón que el mercado de San Juan, el mercado Tepito o el mercado Abelardo Rodríguez— una primera visión de una abundancia llevada hasta la extravagancia: los escaparates consagrados a las hierbas que curan del mal de amor o del mal de ojo, o a los juguetes que harían creer que estamos en Navidad durante todo el año, merecen mención especial.<br />
Mención especial también para uno de los logros de nuestro tiempo: la <strong>Ciudad universitaria</strong>, que dispersa en un gran parque sus aproximadamente 80 edificios decorados de mosaicos y épicos patrióticos; el barrio del Pedregal, donde émulos de Frank Lloyd Wright han edificado sobre la lava de un volcán apagado residencias de ensueño donde los árboles crecen en medio del living-room y donde un arro-yuelo atraviesa el salón; la plaza de las Tres Culturas, en fin, donde el arquitecto Mario Pañi ha llegado a casar sin escándalo un conjunto de apartamentos para 100.000 habitantes con. los restos de las pirámides que vieron el último combate de Cuauhtémoc y una iglesia barroca con su interior recubierto de oro.</p>
<p><strong>Tres museos para iniciarse</strong><br />
Para alojar el <strong>museo nacional de Antropología</strong>, el arquitecto Pedro Vázquez concibió un inmenso velo de cemento, sostenido, por encima del patio central, por una columna única de donde surge una cascada. A un lado y otro del patio, cada uno de los pueblos de México tiene derecho a dos salas superpuestas: en el piso bajo las obras maestras de su período precolombino; en el piso alto, lo que ha llegado a ser hoy día, con sus juegos, sus ritos, sus artesanado, sus costumbres, su música, etc. Abajo, la historia del arte; arriba, la etnología. El conjunto resulta de una riquieza y de una claridad tal que no existe, en el momento actual, ninguna obra capaz de proporcionar una documentación equivalente sobre México.<br />
A fuerza de visitar las salas, horizontal o verticalmente, se familiariza uno poco a poco con los huaxtecas, los mixtecas, los zapotecas&#8230; Se aprende a «leer» las estelas, cuyo dibujo, a primera vista parece un montón de líneas indescifrables, y a identificar los principales dioses de una mitología que multiplica sus avatares. El dios de la Lluvia, por ejemplo, llamado Tlaloc por los aztecas, Chac por los mayas y Dzahui por los mixtecas, es llamado Tajin por los totonaques y Cocijo por los zapotecas; en un país en que la sequía y las inundaciones pueden adoptar proporciones catastróficas, por todas partes se encuentra su efigie.<br />
Se descubre que Huehueteotl, dios del Fuego primordial, tiene una cabeza muy simpática, mientras que Xipe Totee, dios de los Orfebres y de la Primavera, apenas merece su sobrenombre de «Nuestro Señor el Desollado»: cubierto con la piel de sus víctimas, guiña el ojo tras sus órbitas vacías como un zombie sangriento. Coatlicue, diosa de la Tierra, es igualmente horrible a primera vista, con su falda de serpientes, su pectoral de cráneos y de corazones, y su cuello cortado, cuya sangre surge bajo forma de siete reptiles; pero de su masa enorme emana al mismo tiempo una fuerza tranquila, un prodigioso flujo vital.<br />
En el barrio sur de la capital, no lejos de la Ciudad universitaria y del Pedregal,<br />
<strong>el museo Diego Rivera </strong>constituye la antítesis absoluta de los principios aplicados en el <strong>Museo nacional</strong>. Para albergar las 3.000 piezas de colección que ofreció a su país el pintor más célebre de México, quiso una especie de templo-pirámide, donde todo está sacrificado a la estética y al misterio. Aquí, ninguna ficha explicativa distraerá a los aficionados de su pura delectación. En esta caverna de lava gris, iluminada por vidrieras de ónice, los dioses sangrientos del Museo nacional ceden paso a un pueblo de estatuillas que hacen la guerra y el amor, cazan, pescan, duermen, sonríen y reflexionan. Al lado de las bailarinas con pronunciadas caderas de Tlalilco, las diosas voluptuosas de los pueblos del<strong> golfo de México</strong> presiden los goces de la carne y la remisión de los pecados.<br />
Frente a estos testimonios de la edad de oro, Diego Rivera instaló otra colección, que gustará a quienes vienen a México ante todo para ver esqueletos. Los caballeros del Apocalipsis, los guerrilleros, los arzobispos y los pastores de la muerte, los cráneos de azúcar pintados como libros de horas danzan la zarabanda y gesticulan en un sarcástico derroche de colores.<br />
Y luego está el <strong>museo nacional de Historia</strong>, alojado en el triste castillo de Chapultepec desde donde Maximiliano y Carlota contemplaban la ciudad que les rechazaba. Cortés no tiene allí más que un solo retrato sombrío, relegado a un rincón. Luego vienen una media docena de virreyes estirados, que representan tres siglos de moda española y parecen fascinados por un fresco impresionante: el combate de un conquistador y de un caballero-águila azteca. El águila clava al caballero su jabalina en el momento en que éste le atraviesa el cuerpo con su lanza. Es como rizar el rizo: más que una lucha a muerte, se piensa en una fusión de la que va a salir la nueva raza.</p>
<p><strong>Los penitentes de Guadalupe</strong><br />
A algunos kilómetros de la capital, la<strong> basílica de Nuestra Señora de Guadalupe</strong>, fundada en 1533, alberga la imagen de la Virgen Morena, que se apareció al indio Juan Diego. Patrona del país, símbolo de la guerra de la Independencia contra España, atrae, de un cabo al otro del año, a una multitud de peregrinos procedentes de toda América latina.<br />
Sobre el terraplén central que divide en dos la avenida que lleva a Guadalupe, las orquestas de mariachis preceden con desfiles que llevan coronas de flores: los futbolistas de Cuernavaca, los basureros de Morelia, los carteros de Izucar de Matamoros. Entre los grupos se intercalan los penitentes que han hecho voto de recorrer de rodillas los siete últimos kilómetros del bulevard. A veces se hacen acompañar de un amigo encargado de colocar una manta bajo sus rodillas conforme van avanzando: sin duda la Virgen no se malicia en que sus fieles, respetando su voto, traten no obstante de sufrir lo menos posible.<br />
En la esplanada (tan amplia como la de Lourdes) que se extiende delante de la basílica, los bailarines aztecas coronados con plumas, rinden homenaje a María, los mariachis se desencadenan, los comerciantes de globos, de cigarrillos y de golosinas se hacen  de oro.  Al lado de Pocho, la capillita cuyas cúpulas de azulejos tienen la frescura de un oratorio sevillano, se abre el camino que lleva a Tepeyac, la colina de la aparición.<br />
Multitudes también en la plaza de toros, donde los bichos un tanto sofocados por la altitud se enfrentan a matadores ligeramente barrigudos. Pero, también aquí, el entusiasmo, el gusto por la fiesta, los gritos, la música y los colores barren el espíritu crítico y el sentido de lo relativo, como ocurre en el palacio de Bellas Artes, donde el Ballet folklórico de México da una visión de las danzas que no siempre se tiene la suerte de ver en los pueblos. Quetzolcoatl, la Serpiente de plumas, destruye los cuatro puntos cardinales y arranca los hombres al dios de la Muerte, los pequeños de Michoacan parecen tullidos para mejor sorprender saltando luego por los aires, los bailarines de Veracruz anudan en forma de corazón una cinta con sus pies y una ceremonia mágica contra la muerte del ciervo a manos de los cazadores. Luego vienen escenas revolucionarias, donde el público corea: «Soy soldado de Pancho Villa».</p>
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		<title>México</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Dec 2007 01:22:00 +0000</pubDate>
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<p style="text-align: center"><img src="http://turismoactivo.us/wp-content/mexico.jpg" alt="México" /></p>
<p></a></p>
<p><strong>Geografía: </strong>Atravesado por el trópico de Cáncer, <strong>México</strong> tiene una extensión de 3.000 km entre sus fronteras norte y sur. El istmo de Tehuantepec, entre el golfo de México y el océano Pacífico, es el lugar más estrecho del país (200 km). Las montañas más elevadas son el Citlaltépetl (5/700 m), el Popocatépetl (5.452 m) y el Ixtaccíhuatl (5.386 m). Río principal: el río Bravo del Norte, que, durante cerca de 1.600 km, sirve de frontera con los Estados Unidos. En su conjunto, México se presenta como un país de montañas y de altas mesetas, pero las tierras bajas, por el lado de Veracruz, por ejemplo, tienen una importancia a la vez cultural y económica.<br />
<strong>Clima:</strong> Muy variado en función de la altitud, y difiere según que se encuentre uno en la tierra caliente (entorno a los 600 m), la tierra templada (de 600 a 2.700 m) o la tierra helada (sobre 2.700 m). México y las altas mesetas gozan de un clima casi mediterráneo. La estación de lluvias va de junio a septiembre. A lo largo de las costas, clima tropical (la mejor estación de noviembre a marzo). En fin, al norte del país, clima de tipo continental: inviernos fríos y veranos  ardientes.<br />
<strong>Capital:</strong>  Mexico.<br />
<strong>Población:</strong>  64.590.000 habitantes.<br />
<strong>Lengua:</strong>   Español.<br />
<strong>Religión:</strong>  Catolicismo.<br />
<strong>Régimen político: </strong>República federal, que agrupa 31 Estados y el distrito federal de México, que constituye una entidad distinta.<br />
<strong>Moneda:</strong> El peso, dividido en cien centavos.</p>
<p>Como <strong>México </strong>es inmenso, no se puede visitar a fondo en un solo viaje. Se organizará, pues, el itinerario en cuestión de sus preferencias: arqueología precolombina, ciudades coloniales, pueblos indios, estaciones balnearias, etc. Si se desea entrar verdaderamente en contacto con las tribus indias que viven apartados de la vida moderna, habrá que preveer auténticas expediciones, que comporten largas excursiones pedestres o ecuestres. Además, grandes partes del territorio están bastante mal comunicadas por carretera, y hay que prever vehículos todo-terreno para explorar la Baja California o ciertas regiones del <strong>Estado de Chiapas</strong>. La señalización viaria a veces es deficiente, por lo que no hay que dudar en informarse en los cruces de caminos.<br />
Los hoteles modernos de México y de la mayoría de las ciudades importantes practican tarifas llamadas «internacionales», relativamente elevadas, pero, desde que se sale de los grandes centros, es posible alojarse a precio moderado en establecimientos de estilo colonial, que, con sus amplios balcones, su noble mobiliario y sus jardines lujuriosos son especialmente agtadables. No hay que esperar no obstante un servicio de una rapidez extrema: la costumbre del mañana sigue estando sólidamente enraizada en las provincias.<br />
En los pueblos, las tardes de fiesta, el abuso de la bebida puede provocar un comportamiento bastante agresivo. Si, en la pulquería de un pueblecito, se os ofrece un vaso, no lo rechazéis: sería considerado como un insulto grave. Esto dicho, en general, nadie es más afable, más cortés y mejor dispuesto a ayudar al extranjero que el mexicano medio.</p>
<p><strong>NORTE</strong></p>
<p><strong>México:</strong> Catedral; Sagrario; Zócalo; mercado de la Merced; museos nacionales de Antropología y de Etnología; Anahuacalli (colecciones Diego Rivera); castillo de Chapultepec; parque de la Alameda e iglesia del Corpus Cristi (museo de Artes populares); subir por la tarde a la cima de la Torre latino-americana; Ciudad universitaria; basílica Nuestra Señora de Guadalupe; plaza Garibaldi y plaza de las Tres Culturas; barrio del Pedregal; pirámides de Cuicuilco (la más antigua de Méjico), de Tenayuca (con su muro de serpientes) y de Santa Cecilia (muy restaurada, pero que da una buena idea  de  la cultura  precolombina);  en los alrededores. Teotihuacán (pirámides del Sol y de la Luna; templo de Quetzalcoatl) y Tula (atlantes del templo de la Estrella de la Mañana; muro de  las  Serpientes).<br />
<strong>Ruta de las «Mil Cumbres»</strong> Calixtlahuaca: Calmecac (colegio azteca); templo de Tlaloc; altar de los Cráneos; templo de Quetzalcoatl.<br />
Mercado de Metepec y de Toluca, cuyo zócalo es también muy interesante.<br />
<strong>Morelia:</strong> Plaza de los Mártires; catedral; palacio del Gobernador; museo de Michoacán; colegio San Nicolás; casa del Artesanado; santuario de Guadalupe (ex-votos).<br />
<strong>Pátzcuaro: </strong>Plaza de San Agustín; Plaza Principal; museo de las Artes populares- casa de los Once Patios; lago  (isla  de Janitzio),<br />
<strong>Tzintzuntzán: </strong>Terraza artificial elevada por los tarascas.<br />
<strong>Ruta de la Independencia</strong><br />
<strong>Acolman: </strong>Convento (siglo XVI.).<br />
<strong>Cúndala jara:</strong> Todo el barrio del centro, con la catedral y sus cuatro plazas, el museo del Estado de Jalisco y el mercado de la Libertad.<br />
<strong>Guanajuato: </strong>Iglesia de San Diego; mercado Hidalgo; Alhóndiga de Gra-naditas; en los alrededores, iglesia de La Valenciana y pueblo de Marfil.<br />
<strong>Querétaro:</strong> Iglesia de Santa Clara; palacio  federal; Casa de los Perros.<br />
<strong>San Luis Potosí</strong>: Plaza de Armas; catedral; iglesia de San Francisco; Museo regional y capilla de Aran-zazu.<br />
<strong>San Miguel de Allende</strong>: Parroquia; iglesias de San Francisco, San Felipe Neri y de la Concepción.<br />
<strong>Tepotzotlán:</strong> Iglesia; Museo nacional.<br />
<strong>Tequisquiapan:</strong> Pueblo otomi y tiendas  de  artesanado.<br />
<strong>Zacatecas:</strong> Catedral; iglesia de Santo Domingo.<br />
Estaciones balnearias  de  Manzanillo, Puerto Vallarta y Mazatlán.<br />
<strong>Chihuahua:</strong>   Museo de Chihuahua.<br />
<strong>Casas Grandes:</strong> Paraje del «Oasis americano».</p>
<p><strong>Gastronomía</strong><br />
<strong>Enchiladas: </strong>Tostas de maíz rellenas de pollo.<br />
<strong>Barbacoa:</strong> Cabrito asado en hojas de banano.<br />
<strong>Mole Poblano:</strong> Pavo cocido en salsa de pimiento, con almendras y chocolate.<br />
<strong>Romeritos:</strong> Tartas de maíz con gambas.<br />
<strong>Quesos enchilados:</strong> Quesos de cabra perfumados con pimiento.<br />
<strong>Chiles en nogada:</strong> Pimientos rellenos de nuez y acompañados de crema agria.<br />
<strong>Tacos:</strong> Fritos de carne mechada.<br />
<strong>Chiles rellenos:</strong> Pimientos rellenos de carne,  almendras  o  queso.<br />
La tortilla, galleta hecha de granos de maíz en una mezcla de agua y cal y los tamales, a base de sémola de maíz, carne y pimiento, constituyen los platos básicos, consumidos desde la más remota antigüedad.<br />
Se bebe cerveza y, como bebidas alcohólicas, el pulque, el mezcal y el tequila.<br />
Los viajeros que soporten mal la cocina sumamente especiada pueden limitarse a las sopas, el pan y los pasteles, que son prácticamente siempre excelentes.</p>
<p><strong>Folklore y fiestas</strong><br />
En <strong>México</strong>, <strong>corridas de toros</strong> durante la estación fresca en la mayor plaza del mundo (50.000 plazas). Se puede igualmente asistir a partidos de Jai alai, especie de pelota vasca que tiene en el Nuevo Mundo un éxito extraordinario. En todos los grandes centros del Norte, el domingo, tiene lugar el rodeo mexicano, que se parece mucho a su homólogo americano, pero acompañado aquí de graciosas danzas locales.<br />
En cuanto el resto, sería necesario un volumen. Las fiestas son omnipresentes, y su calendario ocupa aproximadamente el de todo el año. En cuanto al folklore, probablemente el más rico del mundo, desalienta a la vez el intentar inventariarlo o calificarlo. En general, la fiesta explota de un cabo a otro del país el martes de <strong>carnaval, </strong>durante <strong>semana santa, en Pascua, el día de los Difuntos </strong>(2 de noviembre), en la celebración de <strong>Nuestra Señora de Guadalupe</strong> (8-12 de diciembre) y en las fiestas de <strong>fin de año.</strong> En lo que concierne a las manifestaciones locales, lo mejor es preguntar en las oficinas de Turismo las listas que mal que bien consiguen confeccionar.<br />
A título indicativo, he aquí algunas de las manifestaciones más coloristas:<br />
<strong>Guadalajara:</strong> 29 de junio, fiesta de San Pedro Tlaquepaque; 4-12 de octubre, fiesta de la Virgen de Zapopan.<br />
<strong>Guanajuato</strong>: 16-24 de junio, fiesta de San Juan; 31 de julio, fiesta de San Ignacio de Loyola.<br />
<strong>Janitzio (isla de)</strong>: 21-29 de mayo, fiesta de Primavera; 1-2 de noviembre, fiesta de los Difuntos.<br />
<strong>Metepec:</strong> 1 de febrero, danza del volador.<br />
<strong>México</strong>: 6 de enero, fiesta de los Reyes; 17 de enero, bendición de los animales; 15 de septiembre, fiesta de la Independencia.<br />
<strong>Patzcuaro:</strong> 3 de mayo, fiesta de la Santa Cruz; 19 de junio, fiesta del Sagrado  Corazón;   29  de  septiembre,  fiesta de San Miguel; 5 de octubre, fiesta de San Francisco; 8 de diciembre, fiesta de la Virgen de la Salud.<br />
<strong>Querétato:</strong> 1 de septiembre, fiesta del convento de  la  Cruz.<br />
<strong>Tzintzuntzán: </strong>5-7 de enero, fiesta de los Reyes; 1-7 de febrero, fiesta de Cristo Rey.<br />
<strong>Zacatecas:</strong> 27-31 de agosto, feria tradicional.<br />
En lo que respecta a las ceremonias con trajes y más o menos mágicas de <strong>tribus indias,</strong> es imposible fijar una fecha, ya que dependen del calendario lunar, de los presagios, de la llegada de la cosecha, del humor de los sacerdotes, etc. Hay que informarse en cada sitio y saber que se expone uno con frecuencia a una decepción. Pero una «auténtica» fiesta entre «auténticos» indios es de calidad tan excepcional que bien vale algunos riesgos.<br />
Compras<br />
Como para las fiestas, la abundancia es tal que la dificultad consiste más bien en saber lo que no se querrá comprar.<br />
Una vez salido esto, cada pueblo, o casi cada pueblo, tiene su especialidad, y no hay que cometer el error de esperar demasiado diciendo que se encontrará lo mismo unos kilómetros más  lejos.<br />
Las oficinas de <strong>Turismo</strong> pueden proporcionar el calendario de los mercados de la región atravesada. Este permite determinar con antelación dónde y cuándo se comprarán las joyas de plata del Norte, los sarapes (mantas de lana tejidas a mano), los rebozos, los collares de jade, los ópalos y las turquesas, los objetos de madera blanca, de paja, de papel mascado. El material cuenta mucho menos aquí que la intención, y el más pequeño juguete naif tiene formas y colores que le hacen digno de figurar en el museo de artes y tradiciones populares del  mañana.<br />
Hay que notar que, en su inmensa mayoría, las <strong>«antigüedades»</strong> que se proponen al turista son falsas. Además la exportación de los auténticos objetos precolombinos está rigurosamente prohibida.<br />
<strong>Quedan las copias:</strong> cuando se trata de terracotas de<strong> Jalisco o de Colima</strong>, hay que ser un verdadero especialista para notar la diferencia.</p>
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