Riotinto
EL VAGÓN MAHARAJAH
Las posibilidades de esta aventura ‘minaparque’, como la han bautizado sus creadores, son amplias y apetecibles. Para empezar, por qué no, un paseo por el Museo Minero y Ferroviario puede ser un buen acercamiento a la esencia de una actividad dura y, en ocasiones, arriesgada. Las piezas que se exponen en lo que fuera un antiguo hospital inglés -construido a finales del siglo XIX cuando las minas de Riotinto pasaron a manos británicas con la creación de la Rio Tinto Company Limited- constituyen un repaso concienzudo de este modo de vida. Acaparan la mirada los distintos modelos de locomotoras de principios del siglo XX. Pero sobre todo, el vagón de Maharajah. Es de un lujo deslumbrante, de madera tallada y cuero repujado, dividido en dos departamentos: uno para hombres y otro para mujeres. No sorprende tanta calidad, porque se construyó ex profeso para la Reina Victoria de Inglaterra, que tenía previsto un viaje por la India que, finalmente, nunca emprendió.
De reina a monarca, el lujoso vagón viajó hasta España con motivo de una visita que realizó el rey Alfonso XIII a estas tierras onubenses. Además de ‘caprichos’ históricos, en el sótano del museo también se puede visitar una reproducción de una mina romana, secuela que recuerda que en estas tierras ya se extraía mineral desde épocas remotas.


