Rusia
En otoño de 1999,300.000 chechenos recalaron en la república rusa de Ingushetia huyendo de los combates entre sus compatriotas independentistas y los militares fieles a Moscú. Malika Husseinova y sus tres hijos encontraron en las tiendas de tela gruesa del campo de Bart una patria temporal: sembraron girasoles y fabricaron una puerta de madera para entrar en su hogar. Es decir, crearon las condiciones para llevar una vida corriente, sin más aspiraciones. Hasta que, en 2004, el Gobierno ruso decidió que Chechenia había dejado de ser un lugar peligroso y que todos los desplazados debían retornar a sus poblaciones de origen. Aparecieron en el campamento policías encapuchados que detuvieron y torturaron a todos aquellos que les parecieron sospechosos de ser rebeldes. Los refugiados tuvieron que darse a la fuga de nuevo, esta vez de vuelta a la desgarrada Chechenia.

